Cover of El largo funeral del señor White

Book Highlights

El largo funeral del señor White

by Eugenio Prados

What it's about

The story follows an elderly man obsessed with controlling the final details of his existence, including his own death. He hires an assistant to help him navigate his final days and, specifically, to record his final words with the perfect amount of dignity and poise.

Key ideas

  • The obsession with composure: The protagonist views death not as a biological end, but as a performance that must be executed with elegance and without loss of self-control.
  • Internal sovereignty: After failing to manage the external world, the main character decides to exert absolute dominion over his own thoughts, gestures, and reactions.
  • The weight of regret: A long-held heartbreak serves as the catalyst for the protagonist's isolation and his deep, cynical distrust of others.
  • The final words ritual: Death is treated as a literary climax where the dying individual must summarize their entire existence into a single, profound statement.

You'll love this book if...

  • You enjoy character-driven stories that mix dark humor with philosophical reflections on mortality.
  • You appreciate eccentric protagonists who grapple with the tension between wanting control and accepting fate.

Best for

Readers who enjoy introspective, slightly cynical character studies about aging and the search for meaning at the end of life.

Books with the same vibe

  • A Man Called Ove by Fredrik Backman
  • The Remains of the Day by Kazuo Ishiguro
  • Stoner by John Williams

28 popular highlights from this book

Key Insights & Memorable Quotes

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—¿Ha sabido alguna vez que iba a llover sin ni siquiera ver las nubes, señorita Hopper? Sientes algo, no sabes bien el qué, algo que te dice que aunque esté el sol brillando va a llover… y al final llueve. O mejor, imagine un camino largo, muy largo, y una persona al final del mismo. Esa persona camina hacia usted. No puede ver nada de ella, ni su cara ni su ropa. Pero llega un instante en que, aún sin poder ver sus rasgos, ni siquiera su manera de andar, algo hace clic en su cabeza y la reconoce. Es un familiar. Es un amigo. Es un desconocido. Pues así veo yo a la muerte. Pero con la particularidad de que ella ya no está al final del camino, sino muy cerca. Puedo verla con todo detalle. Y solo quedan unos pocos pasos para que me alcance…
¡Válgame el cielo! Se acabó el tabaco.
Good God! I'm out of tobacco.
decidí que ya que no podía controlar lo que sucedía a mi alrededor, dominaría hasta el último detalle de mi interior. Sería el amo de cada uno de mis gestos, de mis pensamientos, de toda mi vida… y también de mi muerte;
Al final, como postre, degustó la tarta con gran apetito. Al terminar, y mientras recogía la bandeja, Jonás le preguntó: —¿Ha pedido algún deseo cuando ha soplado la vela, señorito? —¡Misterio!
Ay, mi madre. Ay, mi madre. Solo decía eso, y a punto estuvo de sacarnos a todos locos. Menos mal que al final descansó; pero el pueblo acabó hasta el gorro de él y en el cementerio dicen que le echaron el doble de paladas por si revivía y se ponía a gritar de nuevo.
—«¡Qué Dios se apiade de mi pobre alma! —Espere, señorito —exclamó Jonás Plim—, espere. Esa es… —Vamos, Jonás. —Es es… Esa es de… ¿Me la puede repetir? —«¡Qué Dios se apiádate de mi pobre alma! —Esta es la del… la del escritor Poe ¿no? —Edgar Allan Poe. El mismo. —¡El borrachín! —Alcohólico, Jonás. El pobre no tuvo mucha suerte en la vida. —Ah… Algunas
Para el señor White la muerte no era tanto el saber que uno iba a morirse, o de qué se iba a morir, sino el cómo lo haría. No había nada que le preocupara más que fallecer perdiendo la compostura, con horribles aspavientos y gritos desesperados. Esas formas no iban con su personalidad.
Para el señor White la muerte no era tanto el saber que uno iba a morirse, o de qué se iba a morir, sino el cómo lo haría.
Me encerré entre estas paredes pensando que aquí nada podría hacerme daño —continuó el anciano—. Ni la mentira, ni la traición, ni el odio, ni el desprecio, ni el desamor…
As with the rest of those who have come to this house, I have to tell you that your true job, besides being my secretary, cook, nurse and any other task required of you will be to perform a duty of utmost importance: you will be responsible, the day I die, for recording my last words and making them endure time.” Although
—«¡Qué Dios se apiade de mi pobre alma! —Espere, señorito —exclamó Jonás Plim—, espere. Esa es… —Vamos, Jonás. —Es es… Esa es de… ¿Me la puede repetir? —«¡Qué Dios se apiádate de mi pobre alma! —Esta es la del… la del escritor Poe ¿no? —Edgar Allan Poe. El mismo. —¡El borrachín! —Alcohólico, Jonás. El pobre no tuvo mucha suerte en la vida. —Ah…
—Las últimas palabras son… las últimas palabras. ¿Qué no comprende de ellas? —Pues eso. ¿Que qué son? ¿Para qué sirven? —Pues… —el señor White parpadeó varias veces antes de responder—. Pues son las palabras que uno pronuncia antes de morir. El clímax de la agonía, el momento en que la mente racional se enfrenta al abismo de lo irracional, de lo incierto, y exclama con sus últimas energías una última frase que resume todos los años vividos, toda la existencia, dejando al resto de los mortales unas palabras a modo de consejo.
Nos mueves por el tablero haciéndonos creer que somos el rey para acabar al final sacrificándonos como a un simple peón.
El señor White, si queremos hacer honor a la verdad, a pesar de su carácter afable y su bondad sin límites, tenía ciertas reservas a que una mujer entrara en su casa. Por un secreto inconfesable, del que solo sabremos más adelante, no se fiaba de ellas.
—Esto no me lo esperaba. Y justo ahora, cuando más débil me encuentro. Cuando ya noto el aliento de la Parca en mi nuca.
I shut myself between these walls thinking that no one could harm me here,” continued the old man. “Not lies, nor betrayal, nor hate nor contempt nor indifference… Yes, Jonas,” he smiled, ashamed. “Indifference. That is the cause of all of my ills, of my prejudices, of my rage, of my sighs. All over a woman. A woman I loved… but she did not love me back. And I did not know how to accept it.” The smile went away. ”Seventy years have gone by. From that moment on, I decided that since I could no longer control what happened around me, I would dominate up to the last detail inside me. I would be the lord of each of my gestures, of my thoughts, of my entire life … and also of my death; but the pain… it has never gone away… it lingers… Son, why didn’t I act differently? Why wasn’t I braver?
LA noche de su setenta cumpleaños el señor White supo que su muerte estaba próxima.
te voy a dar un consejo que te servirá durante toda la vida: no te fíes de las mujeres. Nunca sabes por dónde te van a salir. Las mujeres son vanidosas y mentirosas, y le gustan los enredos, los cuchicheos. Un día piensan una cosa y al siguiente la contraria. Y siempre encuentran los peores momentos para decir las cosas más inoportunas.
Oh, muerte —dijo suspirando y mirando al techo—, juegas con nosotros como piezas de ajedrez. Nos mueves por el tablero haciéndonos creer que somos el rey para acabar al final sacrificándonos como a un simple peón.
señor White: ¡Válgame el cielo! Se acabó el tabaco.
Ay, mi madre. Ay, mi madre. Solo decía eso, y a punto estuvo de sacarnos a todos locos. Menos mal que al final descansó; pero el pueblo acabó hasta el gorro de él y en el cementerio dicen que le echaron el doble de paladas por si revivía y se ponía a gritar de nuevo. —¡Válgame
«Nunca debí cambiarme del scotch a los martinis»; Humphrey Bogart.
—No permito que hable así a mi Leonor, señorito. Insúlteme a mí todo lo que quiera, pero a ella no.
«¿Morir, que me maten mañana? ¿Para que ya no exista, para que todo continúe sin mi?».
Algunas menos si descontamos las que pasó durmiendo sin saber que había sido elegido.
Qué horror. ¡Qué horror! Oh, muerte —dijo suspirando y mirando al techo—, juegas con nosotros como piezas de ajedrez. Nos mueves por el tablero haciéndonos creer que somos el rey para acabar al final sacrificándonos como a un simple peón.
«¡Libertad, libertad, libertad!»; William Wallace.

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