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Lessons in Stoicism: What Ancient Philosophers Teach Us About How to Live

by John Sellars

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Key Insights & Memorable Quotes

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Esté o no la naturaleza organizada providencialmente para beneficiarnos —como afirmaba Séneca—, comprender que existe al menos algún tipo de orden y razón para lo que ocurre nos ayuda a salir adelante, piensa Marco Aurelio.
Nunca digas con respecto a nada: «Lo he perdido», sino: «Lo he devuelto». ¿Ha muerto tu hijo? Ha sido devuelto. ¿Ha muerto tu mujer? Ha sido devuelta.
Como señaló Aristóteles, algunas virtudes requieren cierto grado de riqueza, como la generosidad o la caridad.
Para los estoicos romanos la vida está repleta de adversidades, de altibajos, y uno de los deberes fundamentales de la filosofía es ayudar a la gente a sortearlos.
El tema principal de esas obras es cómo vivir, esto es: cómo llegar a comprender nuestro lugar en el mundo, cómo sobreponernos cuando las cosas no nos salen como nos gustaría, cómo manejarnos con nuestras pasiones, cómo comportarnos con el prójimo.
Diógenes parecía sostener que siempre era mejor ser pobre que rico. Y no es difícil percatarse de la huella que esta alabanza de la pobreza dejó en la tradición cristiana posterior.
Pero ¿qué significa cuidar de nuestra propia alma? ¿Qué implica tener un carácter excelente? Lo diré con una palabra pasada de moda: ser virtuoso. Esto es: ser sabio, justo, valiente y moderado, las cuatro virtudes cardinales para los estoicos.
La naturaleza que conciben los estoicos es un organismo inteligente gobernado por el destino. Para ellos, el «destino» no es más que una cadena de causas.
El aserto central es este: nuestras emociones son el producto de nuestros juicios, de lo que se sigue que podemos controlarlas por completo y que somos responsables de ellas.
una buena comida no es más que el cadáver de un cerdo o de un pez. Asimismo, un aparato caro o un coche lujoso no son más que un amasijo de metal y plástico. Todo el valor que este tipo de cosas parecen tener solo es el que les atribuimos con nuestros juicios. En sí mismas no valen nada.
Recuerda: para que te hagan daño no basta con que te golpeen o insulten, debes creer que te han dañado. Si alguien consigue provocarte, date cuenta de que tu mente es cómplice de la provocación.
fuertes y preocupándonos por los nuestros. Pero no alimentaremos las pasiones negativas, las emociones como la ira, el rencor, la amargura, los celos, la obsesión, el miedo incesante o el apego excesivo. Estas son las cosas que pueden arruinar una vida, las que, según los estoicos, es recomendable evitar.
Si hacemos que nuestra felicidad dependa de lograr un objetivo, corremos el riesgo de desilusionarnos continuamente, pero si nos contentamos con hacer las cosas del mejor modo posible, entonces nada se interpondrá en nuestro camino.
Crisipo comparaba el hecho de estar bajo los efectos de una emoción con correr demasiado deprisa. Una vez que se ha cogido cierta cantidad de impulso, no es fácil detenerse. El movimiento está fuera de control, algo muy parecido a lo que ocurre cuando somos presa de una pasión. De modo que uno no puede librarse a voluntad de una emoción indeseada; lo que puede hacer es intentar que la próxima no alcance el impulso a partir del cual escapa a su control.
La mayor parte de la infelicidad que experimentamos, prosigue el filósofo, se debe a un error de juicio, a la creencia de que controlamos cosas que, en realidad, se nos escapan.
La naturaleza que conciben los estoicos es un organismo inteligente gobernado por el destino. Para ellos, el «destino» no es más que una cadena de causas. Al mundo natural lo gobiernan las causas y los efectos, y eso es lo que los físicos intentan describir y comprender.
Su dios es el de los estoicos, el que se identifica con el principio racional que anima la naturaleza; no una persona sino, más bien, un principio físico que es la causa del orden y la organización del mundo natural
Esto llevó a Zenón a denominar a estas cosas «indiferentes preferidos», dado que preferimos la riqueza a la pobreza, la salud a la enfermedad y el respeto al desprecio
Queremos creer que la humanidad ha evolucionado —y, con suerte, mejorado— en los últimos dos mil años, pero Séneca nos demuestra que muchos de los asuntos con los que la gente se debate hoy en día no sonmuy distintos de los que preocupaban a los habitantes de la Roma imperial.
El proceso pasa por tres fases, señala Séneca: la primera, un primer impulso involuntario, es decir, una reacción fisiológica natural que escapa a nuestro control; la segunda, un juicio —que sí está bajo nuestro control— como respuesta a la experiencia; la tercera, una emoción que, una vez nacida, no podemos controlar. Cuando la emoción aparece, no podemos hacer nada sino esperar a que su fuerza amaine.
Su ensayo se centra en la cuestión de por qué sufrimos tanto. Séneca la aborda desde ángulos distintos. En primer lugar, insiste en que lo que nos ocurre no puede ser malo, dado que los acontecimientos externos no son en sí mismos malos ni buenos. Quien no olvide esto, quien lo tenga siempre presente y no se dedique a juzgar a toda prisa, aceptará lo que venga tal como es, sin creer que algo terrible le ha sucedido.
En una de ellas se pregunta Musonio si las mujeres deberían estudiar filosofía. Su respuesta es que tienen exactamente la misma capacidad de razonar que los hombres y la misma inclinación natural a la virtud. Las mujeres pueden beneficiarse mucho, según Musonio, de estudiar los temas que hemos abordado en los capítulos anteriores de este libro.Si bien hoy en día esa no parece una postura especialmente rompedora —de hecho, quizá sea un poco paternalista—, recordemos que algunos progresos que incluyen a las mujeres, como la educación o el sufragio universales, no tienen más de un siglo de antigüedad, y Musonio estabaabogando por una especie de igualdad de género hace dos milenios.
Esta anécdota muestra cómo las emociones, tanto las ajenas como las propias, conforman y colorean nuestras interacciones con el prójimo.
El punto de vista oficial del estoicismo es que, en la naturaleza, existe un principio racional responsable de su orden y de su movimiento. A este principio lo llaman «Dios» (Zeus). Pero este dios no es una persona ni algo sobrenatural, sino simplemente naturaleza. La naturaleza no es ciega ni caótica, sino bella y ordenada,
Epicteto no afirma que tengamos control sobre todas las cosas internas o todos nuestros pensamientos, sino solo sobre ciertos actos mentales. Para ser más precisos, piensa que podemos controlar únicamente nuestros juicios y todo lo que se deriva de ellos. Nuestra mente, por lo demás, es incontrolable; no elegimos nuestras sensaciones y recuerdos, y no tenemos la capacidad de encender y apagar nuestras emociones (ya volveremos sobre estas en el próximo capítulo). Solo podemos controlar completamente nuestros juicios, es decir,lo que pensamos sobre lo que nos sucede
Pero no alimentaremos las pasiones negativas, las emociones como la ira, el rencor, la amargura, los celos, la obsesión, el miedo incesante o el apego excesivo. Estas son las cosas que pueden arruinar una vida, las que, según los estoicos, es recomendable evitar.
Nerón ordenó la muerte de su antiguo tutor acusándolo de conspirar contra él. La esposa de Séneca insistió en compartir con este su destino y ambos se abrieron las venas. Pero la muerte se resistía a llegar. Su esposa, Paulina, sobrevivió, y a él le dieron de beber cicuta y, finalmente, un baño de vapor para rematarlo. No,
Para los buenos, dice, la adversidad es un entrenamiento. Séneca traza una analogía con un luchador que se beneficia de enfrentarse a rivales duros y que se atrofia y pierde sus habilidades si los desafíos a los que se enfrenta son de poca monta.
En ellas Epicteto es muy claro en cuanto al papel que debe desempeñar el filósofo. Este, nos dice, es un médico, y la escuela donde enseña es un hospital, pero un hospital para las almas.
Séneca traza una analogía con un luchador que se beneficia de enfrentarse a rivales duros y que se atrofia y pierde sus habilidades si los desafíos a los que se enfrenta son de poca monta. El luchador solo pone aprueba su habilidad cuando pelea con un verdadero adversario, y un combate difícil no es más que un entrenamiento para desarrollar sus capacidades. Las adversidades de la vida funcionan de un modo parecido;nos permiten desplegar nuestras virtudes y las curten para que mejoremos.Si lo vemos así, estaremos encantados de recibir la adversidad cuando se presente

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